Una Madre Coraje y sus hijos en el Purgatorio, podrá ser representada en teatro, al aire libre o en espacios alternativos.
Imaginada desde el comienzo como un campo, un recinto enrejado de alambres de púas, reflejo del mundo presente. Este decorado exacerbado, este no mans' land para almas en espera estará hecho de arena y de aire, de fuego y agua.
El teatro de la guerra es un no espacio, un espacio en el aire, producto de un conflicto, una dualidad. Un espacio creado por el hombre.
Es un lugar en el que nada se puede ocultar, de una transparencia en la que cada gesto se inscribe, es como un diafragma fotográfico, un escaner que no muestra nada, sino arena y humo. Un espacio lleno, un espacio vacío.
Sillones perdidos en una inhalación de gas, pórticos que son como postes telegráficos, alambradas, rejas que llevan en ellas los jardines más grandes del mundo y de golpe nada, sólo el hombre perdido en el espacio escénico.
Un campo de muerte y de vida.
En un espacio teatral concebido por Mauricio Celedón y Eduardo Jiménez, el universo del Purgatorio se extenderá sobre 300m².
Integrados a la puesta en escena como parte de la escenografía habrán carretas de tracción humana que se transformarán, inclinándose, avanzando y deteniéndose, convierténdose en refugios, cantinas, kioscos, comercios ambulantes, prisiones, horcas, cañones, lechos de amor y muerte.